29/06/06

En la oficina de Óscar

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Mi amigo Óscar me regala una vez más tanta excitación, que deseo compartirla.

–Ven a mi oficina.
Cuelgas el teléfono, te calzas las sandalias, te desabrochas un botón de la blusa, arreglas tu peinado para que tenga un aire atractivamente distraido y sales sonriente.

Entras sin tocar, cierras la puerta con seguro. Desde ahí puedes verme: Estoy sonriéndote con complicidad. Mi mirada está brillante, te recorro pero me detengo irremediablemente en tus pies, son un imán para mi mirada. Un rayo recorre tu espalda, pero termina entre tu rajita y tu ano, en el perineo. Esa descarga te humedece instantáneamente. Sientes mi mirada en tus pies como una caricia, como una lengua que los degusta.
Tu sonrisa se adelanta a mi petición y vas a sentarte sobre mi escritorio, justo frente a mí. He echado mi silla hacia atrás para dejarte lugar. Te sientas con tanta felinidad. Inmediatamente, uno de tus pies sube despacio, provocando el placer hacia el brazo de mi silla. Te toco. Tengo entre mi mano tu pie. Lo acaricio, apenas si toco las uñas con las yemas de los dedos: pulidas, esmaltadas. Mi dedos tocan uno por uno tus deditos, tu empeine suave y ascendente. Con la otra mano te descalzo suavemente. Ahora tu pie es enteramente de mis manos. Con deseo, subes tu pie hasta mi cara. Me deleito con tu aroma. Me acaricias la cara con la planta. Me tienes erecto. Mi boca reclama tus dedos y me los introduzco. Degusto tu sabor, la extrema sensación prohibida de tener tu pien en mi boca, chupo cada dedito, luego, mi lengua como serpiente busca enredarse en todo tu pie, lo recorre, el arco, la planicie de la planta, el talón sonrosado…
–Soy una mujer casada, no me puedes lamer el pie… –gimes.
Con tu otro pie buscas mi entrepierna y el mástil que aguarda. Lo tocas, lo recorres con la punta del pie y me derrites. No puedo sino darte más erección. Bajo el cierre y metes tu pie: buscas la manera de tocarlo bajo el bóxer. Qué erección tan deliciosa por ti, por tus pies plenos de lascivia, de lujuria exhibida.
Tu pie es como una mano, hábil, y de pronto brota mi verga enorme. Llevas tus pies a ella y comienzas a recorrer mi verga, mi erecta verga en homenaje a tus pies y me masturbas con calma. Afuera sabemos lo que ocurre, pero dentro, sólo somos una verga parada y unos pies que la masturban. Me echo hacia atrás, me concentro en la sensación divina de tus pies en mi verga y en tus ojos brillantes llenos de lujuria. Toda tu lujuria acumulada en tus pies y cojo tus sandalias, las tengo en mis manos, una en cada mano, y de pronto las huelo mientras veo tu habilidad para recorrer mi verga con tus pies.
Cachonda, subes la falda y veo tu tanga, apenas una línea devorada por tu rajita que escurre. Eres un mar de deseo entre las piernas.
No hablamos, sólo escuchamos cómo se aman tus pies y mi verga, cómo abres los dedos para meter con dificultad mi verga roja, cabezona, gruesa, entre tus dedos muy femeninos de uñas pintadas.
Cómo gozamos este juego prohibido. Nuestros ojos no mienten. No gemimos mordiéndonos los labios. Que no salga nada. Todo debe estar concentrado en tus pies y en mi verga. Nuestras miradas se penetran, se cogen como mi verga y tus pies hábiles, mamadores, cogedores, lujuriosos, lascivos.
Veo cómo tocas tus pechos, cómo abres tu blusa y desabrochas tu brasier por delante. Tus pechos de pezones erectísimos que pellizcas, que estiras mientras tus pies siguen masturbándome y yo mirándote, dejándome masturbar, oliendo tus sandalias, mordiéndoles las finas tiras. Estoy a punto de venir. Es delicioso.
Cada vez veo más brillante tu tanga, el hilo húmedo y cómo escurre tu licor hacia tu ano.

Óscar, permiteme escribir que me gustaría que más personas me excitaran como tú lo haces.
Quien se atreva, envie sus textos a mi correo

Comentarios

La travesía desde las líneas premontorias en tus muslos hasta la intrincada marejada de placer que se sucita entre los dedos de tus pies es un paraje que no podría perder.

Ya te escribiré.

Anotado por: indigente | 05/07/06

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